76. EL VERTIGO DE ENTREGAR
[SOFÍA]
La cena termina, pero no el fuego que Francesco ha encendido dentro de mí. Caminamos de regreso al hotel bajo las luces deslumbrantes de Las Vegas, entre el bullicio interminable y las cámaras que aún nos persiguen en la distancia. Él me sostiene de la cintura, firme, posesivo, como si no quisiera soltarme nunca.
La habitación queda en penumbras apenas cerramos la puerta. Afuera, Las Vegas ruge con su neón interminable, pero aquí dentro el silencio es tan denso que siento cada latido de