Nikolaus Hoffman.
Recuerdo a la mujer que conocí en la víspera de la muerte de su abuelo, aquella joven que llevaba en su vientre el hijo de un hombre que jamás la mereció, un hombre incapaz de amarla como yo. Y ahora la comparo con la mujer que tengo a mi lado. Eva no es la misma: se consumió, murió, y renació de sus cenizas. Es un ave fénix que se alza con una fuerza que me llena de orgullo.
Me siento pleno, no solo como hombre, sino como amigo, como su compañero. Sé que ya nadie podrá pasar