El silencio es absoluto. Todos contienen el aliento, y las miradas de asombro iluminan cada rincón de la sala. Victoria palidece, Rowan se revuelve en su asiento, mi madre ahoga un sollozo. Adán… Adán me mira como si de pronto comprendiera que jamás me conoció realmente.
—¿Me faltó algo, Keleer? —pregunto, girándome hacia mi abogado, que ha sido testigo de cada paso de mi camino desde que me liberé de mi antiguo matrimonio.
Él sonríe, cómplice, con un brillo de orgullo en sus ojos.
—La mejor es