Lorenzo
Al ingresar a la limusina, todo vuelve a la normalidad. O al menos todo lo normal que puede ser mi familia siendo casi de la realeza española.
Apesta.
Claro que sí.
Estar todo el tiempo en el ojo del huracán es verdaderamente desagradable. Pero más que todo para los que no están acostumbrados como en el caso de mi hija (que lo ha tomado bastante bien, por cierto) y el de Liliana que, pese a que su padre no es de la alta sociedad, los Buendía se han mantenido alejados de los reflecto