Lorenzo
Abro los ojos porque siento un calor abrasante en el cuerpo, despierto con un peso en el pecho, pero no es angustia; es el cuerpo pequeño de María de los Ángeles, que se ha movido a mitad de la noche hasta quedar completamente pegada a mi costado. Del otro lado de la cama, Liliana duerme de perfil, con el rostro sereno y un mechón de cabello oscuro cayéndole sobre la mejilla. Me quedo inmóvil unos minutos, disfrutando de una paz que sé que va a durar muy poco. Esta estampa de familia per