Lorenzo
En cuanto intento sujetar a María de los Ángeles por la cintura para levantarla, la niña se convierte en una fiera acorralada. Lanza un chillido que gira las cabezas de varios ejecutivos que caminan por la zona premium.
—¡Suéltame! ¡Auxilio, auxilio! —grita a pleno pulmón, retorciéndose como una anguila hasta que logra zafarse de mi agarre y se tira directamente al suelo de la acera, pataleando y golpeando el pavimento con sus zapatitos.
A unos metros, veo el destello del flash del fotó