Lorenzo
Marcela termina de confirmar los pendientes referentes al viaje y luego de ello dedica un tiempo para ordenar el escritorio y los libros. Está haciendo tiempo para algo que no me ha querido decir.
—Sabes que puedes decirme lo que sea ¿verdad? —toquetea los libros de la biblioteca y se gira a verme.
Ya me he sentado en el sillón y sonríe como recordando alguna travesura. Una o dos veces nos hemos quedado hasta tarde “trabajando” en la oficina y bueno… han pasado cosas.
—¿Por qué ella? —i