Damián.-
Estaba preparado para ofrecer mi cabeza en bandeja de plata, debo reconocer mi error.
Pero debo reconocer que no estaba listo para la mirada llena de decepción de Olivia, sus ojos observaban con profunda tristeza los estados financieros.
— Esto lo sabíamos –comentó unos de los pocos inversores, amigo de mi abuelo con un tono cargado de preocupación–. con razón los demás se retiraron, yo debí hacer lo mismo.
— No recuerdo haberte escuchado cuando tomé la presidencia quejarte por los