Capítulo 29 —El Peso de la Sangre
En la cabina del jet privado había un silencio sepulcral. A esa altitud, el único sonido era el sutil siseo del sistema de presurización y el tintineo del hielo en el vaso de cristal que Dominic Russo sostenía con firmeza. Frente a él, el Diablo mantenía la vista fija en una tablet, con esa calma letal que lo caracterizaba.
—Recuérdame de nuevo —rompió Dominic el silencio, su voz sonando más pesada de lo habitual—, ¿a qué mier*da vamos a Roma exactamente?
El Dia