—Mamá, ¿quién es? —oyó David que decía el pequeño Noah.
Pensando que esa era su oportunidad para que Jenna cediera, David volvió a golpear la puerta, y con voz suave, dijo:
—Noah, campeón, soy yo, papá, dile a mamá que me abra, por favor.
—¿Papá? ¡Papá! —dijo el pequeño con los ojitos llorosos y llenos de ilusión—. Mami, papá está aquí, quiero verlo.
—Noah, no es bueno que…
—¡Por favor, mami, por favor! —suplicó Noah, mirando a su madre con las lágrimas comenzando a desbordarse de sus ojitos.
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