Al escuchar esto, Jenna dio un paso atrás y soltó una risa llena de sarcasmo:
—¡Ja, ja, ja! No te conocía esa faceta de payaso, David. En serio, no estoy de ánimos para tolerar tus bromas de mal gusto. Ve al maldito grano —ordenó, cortante, con los ojos llenos de furia y dolor.
Sin embargo, no podía ignorar que lo amaba profundamente, aun cuando el resentimiento no le permitía reconocerlo. Durante meses había soñado con que David le decía que la amaba, que se moría por ella, que quería estar co