Cuando David salió de la mansión y se adentró en la cochera, lo hizo con el corazón latiéndole a toda velocidad, consciente de que no se podía permitir perder ni un solo segundo.
Con la determinación de viajar las cinco horas que lo separaban de Jenna y su hijo, se subió al coche, encendió el motor y pisó salió a la calle, en donde pisó el acelerador a fondo, con la ansiedad retorciéndose en su pecho.
Durante todo el camino, su mente giraba en un tumulto de pensamientos vertiginosos, mientras i