—Susan —dijo en un suspiro y tragó saliva con fuerza—, tenemos un grave problema.
—¿Qué pasó ahora? —preguntó la matriarca de los Whitmore, tras inspirar profundamente.
Amanda apretó el móvil contra su oreja, y, mirando la mansión con odio, respondió:
—La segunda parte del plan no funcionó. Tu hijo me echó de la mansión —repuso en un susurro y tragó saliva con dificultad.
—¿Cómo así? —inquirió Susan, alzando levemente la voz.
—Como lo escuchas. Tu queridísimo hijito me acusó de haberle arruinad