CAPÍTULO 52 – Intentaré arreglarlo.
El rostro de David se endureció y su mandíbula se tensó por completo.
—¿Qué haces aquí, Amanda? ¡Lárgate! —dijo en voz baja, pero amenazante.
Amanda, sorprendida por el tono de David, se detuvo.
—Ay, ¿por qué eres así? —Hizo un puchero—. Solo me preocupo por…
Sin embargo, antes de que pudiera terminar, David se puso de pie con brusquedad, derramando el poco de whisky que le quedaba en el vaso.
—¿Preocuparte? —gritó, furioso—. ¿En serio? No seas hipócrita. No tengo pruebas, pero tampoco tengo du