Una semana más tarde, la mansión Whitmore parecía haberse asentado en una aparente tranquilidad, hasta aquella noche.
Madison, moviéndose con sigilo, y luego de haber sobornado a la guardia de la villa, se deslizó en el interior de la mansión.
Cada uno de sus pasos era extremadamente calculado, mientras se dirigía a la cocina, agradeciendo que ya todos estuvieran en la cama.
Una vez abrió la alacena, en la que guardaban todos los alimentos no perecederos, así como también las especias, comenzó