Una vez Rachel estuvo lista, ella y Jenna salieron de la mansión a toda velocidad, con una misión clara. No había tiempo para lamentarse ni para detenerse a pensar en quién estaba detrás de lo sucedido; por el contrario, debían actuar con rapidez, rogando que no hubiera más contratiempos.
—No te preocupes, nena —dijo Jenna, mientras aceleraba el coche, que había adquirido recientemente, maniobrando con una sorprendente habilidad a través del tráfico de la ciudad—. Encontraremos algo que sea mil