Luego de que todos se marcharan, Rachel se quedó un momento a solas, procesando lo sucedido, y, una vez recuperó la calma, regresó a su escritorio y se sumergió en los informes que debía presentar por la tarde. Sin embargo, no se sentía para nada bien. Había dormido tan mal y su cabeza no dejaba de dar vueltas.
Cerca de las tres de la tarde, mientras Rachel se encontraba revisando el informe que acababa de terminar, recibió una llamada urgente: uno de los clientes más importantes de la empresa