Al día siguiente, Rachel se levantó de la cama, con la sensación de no haber descansado absolutamente nada.
Durante la ducha, no pudo dejar de darle vueltas al mensaje que había recibido el día anterior, preguntándose si se trataba de una advertencia, una amenaza, o un simple error.
No lo sabía y, por mucho que le diera vueltas a aquel asunto, siempre terminaba en el mismo punto: sin respuestas.
A las siete en punto, tal y como Logan le había informado, un lujoso coche negro se detuvo frente a