Cuando llegaron a la casa de los padres de Rachel, la cual quedaba a quince minutos del centro de la ciudad, Logan estacionó el coche frente a la vivienda y se volvió hacia Rachel mirando con ojos fríos.
—Hoy ha sido una excepción —dijo sin ninguna expresión. Era tan bello y tan inexpresivo que parecía una de las esculturas de Miguel Ángel—. No te acostumbres a que te defenderé y te traeré a casa todo el tiempo.
Rachel, con la garganta seca, tragó saliva con dificultad y asintió. Después de tod