Capítulo 43: La galaxia

El mundo se quedó en silencio absoluto. Solo podía escuchar el pitido lejano de mis oídos y el golpeteo violento de mi corazón, que parecía querer salirse del pecho.

La figura gigante con los ojos dorados seguía flotando frente a mí. Era Alexander, o una copia perfecta suya, pero algo en su aura me hacía sentir un terror que me paralizaba las piernas.

—¿Qué... qué acabas de decir? —logré susurrar, con la garganta seca como el papel.

El Alexander de los ojos dorados sonrió de una manera que me p
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