El mundo se volvió de un blanco que dolía en los ojos. Ya no recordaba quién era, ni por qué estaba flotando en medio de la nada, con el corazón latiendo a mil por hora.
De pronto, aterricé de golpe en un suelo de madera muy fría. Me dolía todo el cuerpo, como si hubiera estado peleando contra un ejército entero durante años.
—¿Emma? —preguntó una voz profunda, ronca y muy varonil—. ¿Estás bien, pequeña?
Levanté la vista y vi a un hombre parado frente a mí. Era guapo, con los hombros muy anchos