Un mismo pasado, un mismo deseo...
Ethan cerró la puerta del coche exhalando un suspiro de alivio. Jazmín permaneció en silencio, aún con el rostro enrojecidas por la vergüenza y la humillación de la que había sido objeto.
—No deberías haberte ido por mí —susurró ella al fin, con la mirada clavada en el parabrisas—. Puedo pedir un taxi y regresar. Tú no tienes por qué renunciar a tu lugar, a tu madre, no por alguien como yo.
Él giró levemente el rostro hacia ella.
—Nunca te dejaría sola —contestó con firmeza.— Todo esto es