—¡Te amo! —susurró él mientras bombeaba en su interior.
Ella detuvo el movimiento de sus caderas en seco.
—¿Qué dijiste? —preguntó insegura de sus palabras.
¿Había escuchado bien?
Ethan no se detuvo, todo lo contrario, continuó moviéndose de forma ondulante, embistiéndola sin parar.
—¡Qué te amo! —dijo con la voz temblorosa mientras trataba de contenerse.
—Y yo te amo a ti, Ethan Whote —contestó entre jadeos y comenzó a contonearse nuevamente, obligándolo a ceder ante el movimiento