Jazmín permaneció de pie, con los brazos cruzados, mirando fijamente durante varios segundos el picaporte de la puerta, esperando que girara con lentitud y que él entrara a la habitación.
Pero eso no ocurrió. No en un primer instante.
¿Dónde estaba? ¿Por qué se tardaba tanto? ¿Qué lo retenía al otro lado? Se preguntó.
Pronto, la ansiedad se apoderó de ella como un fuego voraz, dispuesto a destruirlo todo. El silencio de la habitación se hizo más pesado, y su respiración se volvió más agita