Cuando Kath llegó a la mansión de los Hudson acompañada de sus guardias, fue el mismo mayordomo que llamó por teléfono el que abrió la puerta.
—Señora Hudson, que bueno que decidió venir, ¿y su marido? —el hombre la dejó pasar a ella y fue a pedirle a los guardias que se quedaran en el exterior, pero Benjamín dio un paso al frente—. Es mejor que esperen fuera, es un asunto delicado —dijo el mayordomo.
Kath no sabía qué pensar de la actitud de Thomas, realmente parecía muy nervioso, pero ella no