—¡Ya estamos en casa! —dijo Kathleen saludando a los empleados que se habían acercado a recibirlos con mucha alegría.
—Que bueno que ya hayan llegado, estábamos muy preocupados por usted señor Hudson. —Apareció Clarisse, Kath llevaba semanas sin verla, los guardias le habían prohibido ir al hospital.
—Yo también me alegro de estar en casa —contestó William.
—Señor Hudson, que bueno que no haya estirado la pata y que su esposa y los bebés estén bien. Pasamos mucho miedo cuando se desmayó. La ten