William estuvo ingresado más de un mes en el hospital porque, aunque en principio sus lesiones no resultaron de gravedad, sí le dejaron algunas secuelas que tardaban en sanar.
En cuanto el embarazo de Kath se normalizó y dejó de estar en riesgo de perder a los bebés, ella tomó el control de la casa, de la seguridad y de cuidar a su marido.
Por más que Will se quejó, que exigió que dejaran de ocultarle las cosas y que gritó a diestro y siniestro que él era el jefe, ni todos sus gruñidos lograron