Llegó el día en que se tuvieron que marchar de Honolulu y tras un largo vuelo tuvieron que separarse.
Kath había regresado a su casa para pasar la última noche, en la mañana vendrían a ayudarla a arreglarse para su boda por la iglesia y la llevarían escoltada hasta la catedral.
Will, por su parte, debía visitar a su madre y a Shirley para hacerles ver que todo estaba bien.
—¡Clarisse, Mariana, ya llegué!
Kath encontró a ambas mujeres acostadas una en cada sofá y muy centradas viendo una novela