El día había llegado, todo estaba listo.
Su madre había invitado a toda la flor y nata de la sociedad.
La mayoría de los periodistas esperaban fuera de la catedral, pero a los medios más populares y de más repercusión mediática se les permitió la entrada con las cámaras.
Él se había asegurado de que el momento quedara inmortalizado y que no hubiera dinero suficiente para evitar que la noticia corriera como la pólvora.
Sentía tanta ira en su interior que casi no se reconocía a sí mismo. En ese i