—¡Cariño! —Shirley contoneó las caderas de forma exagerada mientras caminaba hacia él—. Te estuve esperando anoche, ¿se puede saber dónde dormiste? —Will la retó con la mirada y ella, en lugar de gritar como siempre, agachó la cabeza—. Lo siento, a veces olvido que ya solo me quieres porque estoy embarazada de tu hijo y que ya no tengo derecho a reprocharte nada.
William, dispuesto a seguir en el papel para llevar a cabo su plan, soportó las ganas que tenía de decirle lo que había visto y sacar