Kath llevaba casi una semana sin ver a Will y casi siempre la comunicación que mantenían era de noche antes de ir a dormir.
Agradecía mucho la compañía de Mariana y Clarisse. William las había enviado para que no estuviera sola y le encantaba tenerlas allí.
Al ser una casa pequeña, pasaban más tiempo hablando entre ellas, bromeando y rellenando los momentos en compañía. Se sentía demasiado bien tener amigas, aunque el cariño hacia la cocinera era mucho más maternal.
—Qué pena que no estés solte