Las manos de Ava temblaron, muestras de tela y bocetos de diseño se esparcieron por la elegante superficie de su mesa de dibujo. Los colores se desdibujaron ante sus ojos mientras otra ola de frustración brotaba dentro de ella. —¡Sebastián, no lo entiendes! La nueva línea es crucial; es mi corazón el que está en esos bastidores.
—¿Tu corazón? —La voz de Sebastián se elevó por encima del ruido de su computadora portátil al cerrarse. —¿Qué hay de nosotros, Ava? ¿Nuestra familia? ¿No es ahí donde