La puerta de la casa de Montenegro se cerró con un suave clic detrás de Ava y Sebastián, sellándolos dentro del silencio inesperado. La mirada de Ava vagó por el vestíbulo, la gran escalera que se curvaba hacia el silencio, esperando el eco de voces o el familiar movimiento de los pasos de Jazmin Montenegro.
—Espera un cálido recibimiento. —bromeó Ava. Pero por dentro algo de ella la entristecía. Su voz fue una suave intrusión en el silencio que parecía cubrir la casa.
—Todos están fuera, supo