La tensión en la sala de espera del hospital era palpable. Valeria, Valentina, Bastián y Alexandre se sentaron juntos, sus rostros reflejando una mezcla de ansiedad y desesperación. Las luces fluorescentes brillaban fríamente, intensificando la sensación de irrealidad. El silencio sólo se interrumpía por el sonido intermitente de pasos apresurados y voces distantes de médicos y enfermeras.
Valeria y Valentina se aferraban de las manos, buscando consuelo la una en la otra. Bastián caminaba de un