Valeria, Valentina y Alexandre se encontraban en la cocina de la casa Montenegro, rodeados de velas, flores y una atmósfera cargada de romanticismo. Preparaban una cena especial para Ava y Sebastián, con la esperanza de que la velada les ayudara a reconciliarse. Los rayos del sol se filtraban por las ventanas, llenando la estancia de una luz cálida y dorada.
—Voy a buscar una botella de champagne —dijo Valentina de repente, con una sonrisa traviesa—. No tardo.
Con esas palabras, Valentina dejó