Mundo ficciónIniciar sesión—Grandulón, relájate —me dijo Mariana aquel día en el aeropuerto.
A pesar de confiar en ese método que experimenté por consejo de Martín para “cerrar ciclo”, no evitaba convertirme en un manojo de nervios.
Escribir la carta de despedida, luego de muchos intentos, gritos de frustración, maldiciones y ofrecimientos de yerba relajante por parte de Santi; me ayudó a controlar los pensamientos intrusi






