El tiempo dejó de medirse en horas o minutos; para Cassy, el tiempo ahora se medía únicamente por el subir y bajar lento y rítmico del pecho de él.
Habían pasado ya cuatro días desde aquella noche en los muelles. Cuatro días en los que el mundo seguía girando ajeno a la tormenta que ella mantenía encerrada entre cuatro paredes, y cuatro días en los que Draven seguía sumido en esa inconsciencia profunda, perturbadora y casi sobrenatural.
Cassy nunca olvidaría el momento exacto en que todo esté