Sus sentidos parecen agudizarse con cada beso compartido.
Beatrice es la primera en avanzar, llevando una mano desde su nuca hasta su hombro, apretando, y consiguiendo tomar la esquina del saco para quitárselo lentamente. Las piernas se mueven, se guían sin prisa hacia el escritorio. Y una vez que las nalgas femeninas tocan la superficie, él la ayuda a sentarse.
Un jadeo sale de sus bocas. Raúl termina de dejar su saco a un lado, y entonces se inclina, enviciado, anhelando probar cada parte de e