Sus sentidos parecen agudizarse con cada beso compartido.
Beatrice es la primera en avanzar, llevando una mano desde su nuca hasta su hombro, apretando, y consiguiendo tomar la esquina del saco para quitárselo lentamente. Las piernas se mueven, se guían sin prisa hacia el escritorio. Y una vez que las nalgas femeninas tocan la superficie, él la ayuda a sentarse.
Un jadeo sale de sus bocas. Raúl termina de dejar su saco a un lado, y entonces se inclina, enviciado, anhelando probar cada parte de ella. Encuentra su cuello, su clavícula por encima de la blusa, mientras que sostiene su espalda baja con la mano izquierda.
Beatrice echa la cabeza hacia atrás, sintiendo las cosquillas aumentar cada vez que su barba la recorre. Cada beso en su cuello y cerca de la abertura de sus pechos la debilita. Y solo es el inicio.
Con las manos ansiosas, se aferra a su camisa blanca. Luego se afinca en su hombro, suspirando cuando él besa el lóbulo de su oreja, y de un momento a otro, el torso masculino q