Tras salir de su asombro, el hombre acaricia sus caderas, suavemente, sintiéndola erizarse. Su desnudez, sobre él, es algo que necesita guardar en su memoria, pero no tanto como el brillo en sus ojos, su sonrisa y el calor de su piel contra la suya.
Tragando en seco, se aparta para inclinarse desde los codos. Ella se aferra a su cuello, quedando ahora ambos sentados, sus sexos frotándose entre la humedad.
Está tan excitada de nuevo. Ahora que tiene la oportunidad de experimentar esto libremente