CAPÍTULO 36: CONSCIENTE.
Beatrice no es consciente del momento en que deja de temblar en los brazos masculinos. Solo se encuentra con su respiración calmada contra su pecho, sintiéndose a salvo.
El silencio entre ellos después de todo aquello no es incómodo, sino que más bien tenso, pues aún hay cosas por decir.
Suspirando, Raúl le hace verlo y le aparta un mechón del rostro. Le roza las mejillas con la yema de los dedos, y Beatrice traga hondo, estremecida. Porque no ve la ira en su mirada, ni siquiera molestia, tampoco ve a un hombre herido.
Está frente a un hombre que a pesar de ser juzgado sin darle la oportunidad de defenderse, ha elegido quedarse.
Por ella.
—No vuelva a decirse algo como eso, Beatrice. Nunca más —casi le suplica—. Usted no peca por dudar en mí. A veces puedo llegar a hacer cosas que no son de mi orgullo. Se lo he dicho, y es la verdad.
Desearía que esto le quede grabado, que cuando ella sepa la verdad que él le está ocultando, entienda sus razones. Al principio,