Malos presentimientos.
El día sábado a primera hora Beatrice es la primera en despertar, sonriente. Acaricia las mejillas de su amor y sale de sus brazos, escuchándolo quejarse, pero aun así no despertar. Después de cambiarse sale con cautela de la habitación, pero al girarse, sus vellos se erizan.
La señora María.
Beatrice se lleva una mano al pecho, viendo el rostro neutro de la mujer mayor.
—Te espero en el tercer piso en media hora —le dice, por lo que la castaña asiente, un tanto asustada.
Se siente como cuando pensaba en contarle a su madre cómo fue su primera vez; señalada. Aunque su madre no la juzgó realmente, solo la aconsejó con el corazón en la mano. Aun así, sabe que es probable que su relación con la señora María cambie desde ahora, para mal…
Con nervios, se dirige a su habitación, se ducha y cambia rápidamente, luego deja un beso la frente de su hija tendida del sueño, y sube hacia el tercer piso. Solo una vez había estado aquí, el primer día, cuando le mostraron la mansión. Aquí está la habi