Las embestidas alzan un nivel casi animal. Beatrice intenta aferrarse a la pared, en vano, solo consigue doblar los brazos hasta aferrarse a su cuello, sintiendo su cuerpo como una muñeca. Sus caderas duelen, sus pies incluso se despegan del suelo. Chilla, grita su nombre entre lágrimas por lo increíble que se siente.
Incluso apretándose, temblando, él no la suelta. Y eso la enciende mucho más. Sus labios se encuentran, finalmente dándole la vuelta. Sus ojos lujuriosos se encuentran. Ella lleva las manos a su pecho, rozando sus tetillas, luego tirando fuerte de la cadena que ella le regaló. Él gruñe, lleva una mano entre sus nalgas para arrimarla desde allí hacia su abdomen como un koala.
—¡Oow! ¡Raúl!
Su intimidad no deja de apretarse contra él. Casi no puede respirar. Y aun así, se hunde en su cuello, llenando de saliva el collar, gimiendo entrecortada cuando es follada en esta posición.
Él quiere decirle tantas cosas, pero la entrega lo desborda. Llevándola de nuevo contra la pared