Las embestidas alzan un nivel casi animal. Beatrice intenta aferrarse a la pared, en vano, solo consigue doblar los brazos hasta aferrarse a su cuello, sintiendo su cuerpo como una muñeca. Sus caderas duelen, sus pies incluso se despegan del suelo. Chilla, grita su nombre entre lágrimas por lo increíble que se siente.
Incluso apretándose, temblando, él no la suelta. Y eso la enciende mucho más. Sus labios se encuentran, finalmente dándole la vuelta. Sus ojos lujuriosos se encuentran. Ella lleva