Daño colateral.
Raúl apenas puede abrir los ojos. Sus parpados están pesados y la luz causa estragos en su cabeza.
Intenta recordar lo que pasó. El por qué se siente así. Y a medida que sus recuerdos aparecen, su corazón se oprime.
Él llevando a Madison a su cuerpo, murmurando algo que no recuerda.
Y luego nada…
Su cuerpo se eriza con la idea de haber hecho o dicho algo de lo que no pueda defenderse.
Acostumbrándose a la luz se impulsa sobre sus codos y reafirma que está en la habitación de Madison.
De hecho, el solo haber dormido en su cama lo hace poner de pie de inmediato.
Necesita a Beatrice.
Su corazón golpea secamente con cada paso mareado que da.
Busca en los bolsillos su teléfono, viendo el número de su chofer, al cual llama para pedirle que lo recoja ya.
—Oh, estás despierto…
Raúl retrocede. Pero cuando ve la sonrisa de Madison, sin poder notar sus ojos rojos y sus ojeras, el malestar en su pecho aumenta.
«Ella está feliz. Algo pasó. Algo hicimos», piensa.
—L-Lo siento… —Desvía la mirada, pa