Una marca imborrable.
Beatrice seca las manos tras quitar el último paño tibio en la frente de Romina, ahora completamente sin fiebre. Ambas niñas duermen abrazadas a la otra, y dejando un beso en sus frentes, camina hacia la puerta.
Su corazón palpita en ternura cuando apenas se da cuenta del dibujo en papel en la puerta. Es un árbol de navidad, con claramente dos niñas y dos adultos tomados de la mano. Son ellos.
Entiende la urgencia de las niñas de que sean una familia. Y le duele saber que para eso tendrán que e