Corazones conmovidos.
Raúl traga hondo, y asiente, pero se acerca a las niñas primero para consolarlas, mientras que Beatrice sale del yate para esperarlo en la superficie, cerca por supuesto.
El hombre la alcanza, queriendo acercarse más, pero ella retrocede un paso, levantando el dedo para detenerlo, y también conteniéndose de no llorar.
Ha sido una semana tan emotiva. Está cansada de secarse las lágrimas.
—¿Qué fue lo que hizo, señor Meléndez?
—¿A qué se refiere, Beatrice? —finge no saber. La mujer le hace un gesto, que le hace entender que ya sabe lo que pasó—. Beatrice… No quiero que se moleste con Valentina. Ella solo quería protegerla.
—Lo sé —se quiebra por fin—. L-Lo buscó a usted para protegernos porque no se siente segura conmigo, señor Meléndez.
El hombre siente un vuelco. Rápidamente se acerca, queriendo abrazarla; pero ella coloca una mano en su pecho, todavía tensa y culpable por no ser suficiente. Luego lentamente su frente pega del hombro masculino. Él suspira, acariciando su espalda con a