Corazones conmovidos.
Raúl traga hondo, y asiente, pero se acerca a las niñas primero para consolarlas, mientras que Beatrice sale del yate para esperarlo en la superficie, cerca por supuesto.
El hombre la alcanza, queriendo acercarse más, pero ella retrocede un paso, levantando el dedo para detenerlo, y también conteniéndose de no llorar.
Ha sido una semana tan emotiva. Está cansada de secarse las lágrimas.
—¿Qué fue lo que hizo, señor Meléndez?
—¿A qué se refiere, Beatrice? —finge no saber. La mujer le hace un ges