Capítulo 40: La súplica de una madre.
Narra la autora:
Aquella noche de luna, el sonido del violín entonando una fascinante melodía, calmaba hasta a la mente más perturbada. Los altos y los bajos, la música que inspiraba a la mente artística y lograba hacerla viajar hacia tierras más amables que tan solo existían en el reino de la imaginación, era un privilegio digno de escuchar.
Entre Vivaldi, Paganini y sin menospreciar al piano de Beethoven o de Frédéric Chopin, la mente más cansada y agobiada, encontraba un saludable descanso.