Capítulo 44: El destino.
Ojos de oro miraban con suma atención al joven lobo que acababa de aparecer a las orillas de un lago, el primer maldecido lo observaba sin perder detalle dentro de su eterna vigilancia; ese era Elikai Kingsley, aquel al que debía acabar para asegurar la supervivencia de su legado inmortal, el niño de la profecía nacido del sol y de la luna que le regalaría, supuestamente, la muerte. Era un lobo hermoso, de fino pelaje negruzco y plateado, sin duda, un hijo de su casta legendaria, aun así, debía