Capítulo 49: La humanidad.
El paso de los años se marcaba en cada rostro, en cada monumento…en cada lágrima que era arrastrada por el viento. Una monja ataviada en sus hábitos completamente negros, observaba el vaivén de las personas en aquella plazoleta y bajo la sombra protectora de un umbral antiguo. La luz del sol bañaba a los humanos, y ellos, en sus sonrisas y alegrías, no reparaban en su presencia.
Por supuesto, la luz siempre permanecía ajena a la oscuridad, y los humanos eran completamente ignorantes en aquellos