Capítulo 38: El mausoleo.
Narra la autora:
El aroma de los altos pinos de aquel territorio prohibido impedía que cualquier otro olor pudiese sentirse. La luz del sol que reinaba en el cielo celeste no lograba traspasar el mar de árboles que los pinos y abedules formaban, manteniendo oculto de la vista de cualquier incauto o curioso que se atreviera a adentrarse tan profundamente en aquellos bosques negros.
Una mano helada, mortalmente blanca como las alas de una paloma, acariciaba con adoración aquellos cabellos platead