Capítulo 37: Miedos.

Narra la autora:

La camioneta había retomado su marcha, sin embargo, Elikai Kingsley mantenía sus ojos y sentidos bien abiertos…aquella voz que tan solo él había escuchado, le había lanzado una advertencia, una que no tomaría a la ligera. Su tío lo miraba como si estuviese demente, pero el, estaba completamente seguro de lo que había escuchado.

—Elikai… — musitó Dalila que parecía recién despertar de aquel sueño profundo en el que había caído al salir de la vieja mansión Kingsley.

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